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De los sueños a la realidad.

Written by Shiny Demise on . Posted in Ascensión

Astronauta

Cuando sé es niño la imaginación deslumbra cada pensamiento que se atraviesa o que adoptamos en nuestra mente. Con una mente tan tierna, en desarrollo y sedienta de conocimiento el revuelo de las ideas es como un gran tornado que toca tierra, la imaginación comienza a volar. De pronto, a corta edad, surge en nuestra mente un pensamiento que brota como una chispa de luz en medio de la noche, un objetivo: “Cuando sea grande quiero ser…”

Tomando en cuenta que entre los 5 y 10 años, la pureza de la infancia que envuelve a un niño es casi incorruptible, podríamos pensar que en ese rango de edades brota nuestra verdadera pasión por algo, es en ese periodo de tiempo en el que muchas habilidades natas están a la luz del día. Nuestra inocencia es apenas como una flor abriéndose ante la luz de un nuevo amanecer y sin embargo nuestra determinación es mucho mayor que en la gran mayoría de etapas en nuestra vida. Siendo niños no tenemos límites, no existen barreras, no existe el temor al fracaso, no hay condiciones absurdas de desidia para no hacer las cosas; no mientras no exista intervención de los prejuicios de una sociedad ciertamente adulta, de edad, pero no más madura de lo que los años pudieran representar. Ya que tras la intervención de las ideas adultas de competencia, progreso y estatus social, la ilusión se desvanece poco a poco y se encierra bajo llave en un armario imaginario de la mente, el cual en la mayoría de las ocasiones permanece olvidado y abandonado por el resto de la vida.

Con lo anterior expresado, a lo que quiero llegar es a un punto de reflexión siguiente en el que te hagas alguna de las siguientes preguntas a ti mismo: ¿Soy realmente feliz con lo que hago?, ¿soy realmente feliz con lo que soy?, ¿qué hubiera sido de mi si hubiera perseguido mis propios sueños de niño?, sueños que muchos a mi alrededor dijeron que eran delirios mentales y que no podrían ser realizados.

Desde hace tiempo concuerdo con el hecho de que el peor parásito que un ser humano pueda tener dentro de si mismo no son aquellos que se ubican dentro del tracto digestivo sino aquellos que se incrustan en los patrones de pensamiento que dan forma a cada una de las cualidades que nos definen como individuos: “una idea”. Una idea puede ser el parásito más letal de todas nuestras vidas, de todo nuestro organismo. A través de una idea se puede originar una enfermedad que puede dar muerte a nuestro cuerpo, una idea puede determinar el rumbo de nuestras vidas, claro es el caso de adoptar ideas de la sociedad adulta y experimentada que le dice a las mentes más jóvenes que sus sueños no pueden ser alcanzados.

El sistema en el que vivimos actualmente, fue construido precisamente para llegar al punto en el que estamos como sociedad. El sistema está diseñado para hacer que la gente se olvide de sus sueños y viva un modelo de vida ajeno a su propia pasión. Vivimos en una realidad basada en mentiras, la mayor parte de la historia que conocemos es una gran mentira fragmentada en los diferentes ámbitos de vida del ser humano. Se nos ha enseñado por décadas que la verdad es lo que se ve a través de los medios de información, no sólo de la televisión, la Internet o la radio, por años fueron libros de texto los que llenaron de mentiras a la realidad preparando un esquema mental en la gente desde entonces para que al día de hoy ese esquema comenzara a dar frutos, como una infección prácticamente imparable, como un cáncer.

Es entonces que, hoy por hoy, nos enfrentamos a grandes desafíos como especie y aunque suene drástico decirlo, la supervivencia y continuidad de nuestra especie está en riesgo de prevalecer si seguimos agigantando los pasos a una forma de vida superflua y a vacía de valores reales que puedan provocar sed de conocimiento real y de autorrealización en las personas.

Actualmente el sistema maneja formas de control en los que una vez inmersos en ellos es muy difícil salir porque al interactuar entre si se convierten en un gran círculo vicioso. El ejemplo claro de ello es vivir e una sociedad donde se tiene que trabajar para sobrevivir, en muchos casos esos trabajos no se satisfacen realmente las pasiones de las personas y no se explotan sus potenciales verdaderos e innatos. El sistema entonces tras haber inducido al individuo a una realidad holográfica programada en al que el ideal principal es “ser alguien en la vida” y no “ser tú mismo”, convierte de alguna manera a cada persona en un recurso natural y al mismo tiempo en generador de recursos para quienes están en la cúspide del sistema. La gente se convierte en simples hormigas obreras, sin importar el cargo que tengas, porque podrás ser desde un empleado en un puesto de vendedor hasta tener un puesto gerencial o inclusive directivo pero mientras seas partícipe de la fuerza de trabajo y sea por ti que la empresa vive de tu esfuerzo, eres esa materia prima y productor de ganancias – En tanto no sea tu pasión, lo eres –  Entonces el sistema, mueve sus engranes a modo de que crezcas en una sociedad donde poco a poco los valores humanos se han venido deteriorando profundamente hasta sus raíces, tanto así como para poder romper lazos familiares y fraternales y quebrantar el único y verdadero núcleo que le da fuerza al desarrollo humano, la familia. El sistema ha acaparado tus creencias espirituales, tu moral, tu estilo y forma de vida. Poco a poco y cada vez más movió sus engranes para llevar a cada generación nueva a una forma de vida vacía y carente de autoestima, ha generado una patología, una enfermedad, incrustó un parásito que constantemente insiste en hacerle creer a cada ser humano en que sus sueños no pueden ser realizados.

El parásito entonces crece y tú te abandonas, te conviertes en un consumidor de una realidad que no es autosustentable y el sistema te ofrece una forma de vida aparentemente cómoda y justa; te dice en qué creer, qué vestir, qué comprar, cómo lucir, cómo comportarte, cómo destacar, a quién debes seguir, a quién debes dejar que gobierne tu vida y qué debes de hacer si es que quieres “ser alguien en la vida”. Entonces tras tu abandono sigues un rumbo de vida que no te lleva a ningún lado, las catarsis son cada vez más frecuentes, los cambios de religión cada vez más frecuentes, los cambios de trabajo son cada vez más frecuentes, los cambios de imagen son cada vez más frecuentes y lo único que eso señala es que a la gente está sedienta de un cambio de vida porque no está conforme con la suya propia, pero que por otro lado, se le ha adoctrinado para buscar el cambio propio fuera de si mismo y no dentro, ese es un ejemplo claro del por qué la gente busca y busca y no encuentra, se siente perdida, se siente no-realizada, se siente frustrada y fracasada, se siente infeliz y la orilla a conformarse con una forma de vida retrógrada llenas de zonas de confort y entretenimiento para mantener su mente ocupada y programada en las grandes crisis del mundo y en los grandes problemas en su vida que no es capaz de resolverla

El sistema está diseñado para que la gente sea infeliz y el desafío más grande de cualquier ser humano es ser feliz a pesar de todo ello, a pesar de cada fragmento del sistema de control diseminado en las instituciones religiosas, la banca, la educación, la política, la historia y hasta en la ciencia.

¿Y qué se puede hacer al respecto?

¿Recuerdas las preguntas que te propuse que pensaras y reflexionaras? Si vas a seguir leyendo este texto, te sugiero que devuelvas la lectura a esas preguntas y te detengas un momento reflexionando en ello, quizás no encuentres respuesta por el momento, pero al formularte esas preguntas a ti mismo de manera honesta y serena, puedo asegurarte que en poco tiempo las respuestas van a llegar y si no eres capaz de escuchar en ti mismo los susurros pronto verás señales que te irán señalando el camino a seguir.

Una vez que te hayas detenido en pensar sobre esas preguntas podrás entender entonces que la respuesta a una de las incógnitas que todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido, la cual es: “¿Qué hago aquí?” o “¿Cuál es el propósito de mi existencia?” Y la respuesta a ellos es: “Ser feliz”, porque no importa a lo que quieras dedicarte, no importa cuál sea tu pasión abandonada, no importa de qué color eres, no importa tu raza, no importa tu religión, no importa la opinión de los demás, lo que importa es que quieres “ser feliz”.

En ocasiones ciertos eventos, pero sobretodo la adquisición de bienes materiales pueden representar una felicidad, que no es más que efímera, y puedes conformarte con ellos por algún tiempo, pero pronto te darás cuenta que aún te sientes vació, aún te sientes incompleto, aún sientes que tu propósito no ha concluido, ello indica claramente que aún no eres feliz.

Y para retomar las ideas iniciales de este texto podrías preguntar: ¿Y qué hago para ser feliz?, bien, la respuesta está en la obligada por si sola si es que ya has reflexionado en lo primero que te dije y para darte una pista más clara y sin menos rodeos te puedo decir que la felicidad se encuentra en seguir tu pasión; aquello que retumba en tu pecho y provoca que tu piel se erice. Una idea, una ilusión, basada en la imaginación prematura de: “¡Cuando sea grande quiero ser…!”. Entonces la idea lejos de ser un parásito que carcome tu vida por completo con el paso de los años, se convierte en el motor de ella y te impulsa como un gran trampolín hacia tu propósito y a la conclusión de tu planteamiento inicial: “ser tú mismo, ser feliz”.

Quizás a una corta edad adoptaste una idea que degeneró esa ilusión y la convirtió en cenizas. ¿Pero sabes algo?, en realidad los sueños nunca mueren y si son convertidos en cenizas pueden renacer cual fénix para emprender su vuelo nuevamente. Así que no importa la edad en la que te encuentres, siempre puedes comenzar de nuevo y como suelo decir: “La única razón válida para recordar el pasado es para recordar tus sueños, traerlos al presento y convertirlos en realidad”.

En tanto pongas en marcha tu verdadera pasión, que quizás hace años te robaron, comenzarás un verdadero desarrollo personal, una verdadera autorrealización. Te lo he dicho antes, el sistema está diseñado para suprimir los sueños y para convertir a la gente en un producto y en productor al mismo tiempo y el desafío más grande será autorrealizarte a pesar de todo ello, más allá de “ser alguien en la vida” sino de ser verdaderamente tú mismo y vivir la pasión que tiene tu alma por emprender.

Yo suelo decir que no creo en el Karma, no existe tal cosa para mi y las reencarnaciones no son en lo absoluto un castigo o una lección karmática que tienes que cumplir por haber hecho daño. Desde mi punto de vista, la reencarnación no es más que el medio que utiliza el alma para realizar todos los sueños que no han sido realizados y eso es en verdad, lo que te retienen en esta realidad: los sueños no cumplidos.

Si quieres realmente que el mundo cambie, no voy a decirte que estés en contra del sistema porque solamente chocarás contra un gran muro y la realidad programada seguirá su curso una y otra vez. Si en realidad quieres aportar a un verdadero cambio, y que incansablemente has escuchado que comiences por ti mismo, entonces comienza por perseguir tus sueños, por desempolvar esa cajita que de niño dejaste bajo llave en el más oscuro rincón de tu consciencia y abrirla de nuevo. ¿Qué te lo impide?, ¿el dinero?, si en realidad es un deseo de tu alma, un deseo de ti mismo, el dinero y todos los recursos que necesites llegarán, poco a poco llegarán, pero para abrirle la puerta a la abundancia tienes que ir fragmentando cada prejuicio propio, cada miedo, cada culpa y comenzar a construir un nuevo concepto sobre ti mismo basado en tu pasión, como cuando eras niño: sin miedos, sin prejuicios y lleno de determinación por ser quien realmente eres, el arquitecto de tu propio destino.

 

Carlos del Ángel
Shiny Demise Project
Fundador

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Shiny Demise

"¡La Revolución de la Consciencia es Ahora!"
  • Martino

    Gracias.

  • Sandra Garro J.

    Gracias por compartir tus pensamientos. Me he formulado las preguntas, y creo que aún tengo tiempo de hacer todo lo que soñaba, y como usted dice, el dinero no es un impedimento, la voluntad vence cualquier barrera.

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