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Osho: El libro del Hara, tercer capitulo, segunda parte

Written by Shiny Demise on . Posted in Osho

Este sentimiento, este sentimiento de gratitud debería estar presente en todos los aspectos de la vida y particularmente en los relativos a tu dieta. Únicamente así podrá tu dieta convertirse en una buena alimentación.

La segunda cuestión es el trabajo correcto. Esto también ha dejado de ser una parte esencial de tu vida. El trabajo físico se ha convertido en un acto vergonzoso.

Un filósofo occidental, Albert Camus, escribió en broma en una de sus cartas que llegaría un momento en que la gente empezaría a pedirles a sus sirvientes que hicieran el amor por ellos. iQuizá suceda algún día! Ahora ya tienes a gente que hace todo en tu lugar; el amor es lo único que sigues haciendo tú mismo. Designas a otros para que recen por ti. Empleas a un sacerdote y le dices que rece en tu nombre, que realice los ri­tuales en tu nombre. Designas a un sacerdote en el templo y le dices que rinda culto en tu nombre. Incluso a tus sirvientes les dices que hagan cosas como rezar y rendir culto. Si tus sir­vientes están rindiendo culto en tu lugar, ¿no es impensable que algún día la gente más sabia les diga a sus sirvientes que haga el amor con su amada en su lugar? ¿Qué problema hay? y los que no puedan permitirse tener sirvientes que lo hagan se sentirán avergonzados por ser pobres, por tener que hacer el amor ellos mismos.

Quizá algún día suceda esto, iporque ahora hay tantas cosas importantes en tu vida que tus sirvientes están haciendo por ti! Y no eres en absoluto consciente de lo que has perdido al perder las cosas importantes. Se ha perdido toda la fuerza, toda la vitalidad de la vida, porque el cuerpo y el ser del hombre han sido creados para hacer una cantidad de trabajo determinada, pero ahora ha sido privado de ese trabajo.


El trabajo correcto también es una parte esencial en el despertar de la consciencia y la energía del hombre.

Una mañana, Abraham Lincoln se estaba limpiando los zapatos en su casa. Uno de sus amigos que estaba de visita le dijo:

-iLincoln! ¿Qué estás haciendo? ¿Te limpias tus propios zapatos?
Lincoln respondió:

-iMe sorprendes! ¿Tú le limpias los zapatos a los demás? Yo me limpio mis zapatos; ¿tú se los limpias a los demás?

El amigo le dijo:

-No, no, iYo le digo a los demás que me limpien los zapatos!

Lincoln dijo:

-Que los demás te limpien los zapatos es aún peor que limpiarle los zapatos a los demás.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que estamos per­diendo el contacto directo con la vida. El contacto directo con la vida es el que tenemos a través del trabajo.

Una vez, cuando vivía Confucio, hace unos tres mil años, fue de visita a un pueblo. En un jardín vio a un viejo jardinero y a su hijo sacando agua de un pozo. Para el anciano, el trabajo de sa­car agua del pozo era muy difícil, a pesar de la ayuda de su hijo.

Y el anciano era muy viejo.

Confucio se preguntó si este anciano no sabría que ahora se utilizaban bueyes y caballos para sacar agua del pozo; estaba ha­ciendo ese trabajo él solo. iEstaba usando métodos muy antiguos! De modo que Confució fue y le preguntó:

Amigo, ¿No sabes que ahora hay un nuevo invento? La gente saca el agua de los pozos con ayuda de caballos, de bue­yes. ¿Por qué lo estás haciendo tú solo?

El anciano dijo:

-Habla bajito, habla bajito. A mí no me importa lo que estás diciendo, pero temo que lo pueda oír mi hijo.

¿Que quieres decir? -dijo Confucio.

El anciano contestó:

-Conozco esos inventos, pero todos esos inventos alejan al hombre del trabajo físico. No quiero que mi hijo se desco­necte, porque en el momento que se desconecte del trabajo fí­sico se desconectará de la vida en sí.


La vida y el trabajo son sinónimos. Vida y trabajo tienen el mismo significado. Pero, poco a poco, has empezado a llamar afor­tunados a quienes no tienen que hacer trabajo físico y desafortunados a los que tienen que hacer trabajo físico. Esto es así porque, en cierto sentido, mucha gente ha dejado de trabajar, por lo que otra gente, tiene que trabajar mucho más. Trabajar demasiado te mata, trabajar demasiado poco también te mata. Por eso hablo de trabajo correcto de la distribución adecuada del trabajo físico. Cada persona debería hacer el mismo trabajo físi­co. Cuanto más intensamente, cuanto más dichosamente, cuan­to más agradecidamente se meta un hombre en la parte de tra­bajo de su vida, más notará que su energía vital empieza a salirse de la cabeza y acercarse al ombligo. Para trabajar no son necesarios ni la cabeza ni el corazón. La energía para trabajar se de­riva directamente del ombligo, ahí es donde está su origen:

Junto con una dieta correcta es esencial que haya un poco de trabajo físico. Y no debería ser por el bien de los demás: si sirves a los pobres, éstos saldrán beneficiados; si vas a un pueblo como agricultor beneficiarás a los agricultores; si haces una labor determinada estás haciendo un gran servicio social. Todas estas cosas son falsas. Debes hacerla por tu propio bien, no por el de los demás. No tiene que ver con beneficiar a los demás. Quizá al­guien se beneficie de ello, pero básicamente es por tu propio bien.

Cuando Churchill se júbilo, uno de mis amigos fue a visitarle a su casa. A su avanzada edad, Churchill estaba excavando y plantando algunas plantas en su jardín. Mi amigo le hizo unas preguntas sobre política. Churchill dijo:

¡Déjalo! Eso ya se acabó. Si quieres hacerme alguna pre­gunta, me puedes preguntar dos cosas: me puedes preguntar sobre la Biblia, porque la leo en casa, y me puedes preguntar sobre jardinería, porque lo hago en el jardín. Ya no me interesa la política. Ya se pasó ese momento. Ahora simplemente estoy traba­jando y rezando.

Cuando mi amigo regresó me dijo:


-No entiendo la clase de hombre que es Churchill. Creía que me daría alguna respuesta, pero me dijo que sólo estaba trabajando y rezando.
Yo le dije:

-Decir que está trabajando y rezando es una reiteración.

Trabajo y oración significan lo mismo, son sinónimos. El día que el trabajo se convierta en oración y la oración se convierta en trabajo será el día que se alcance el trabajo correcto.

Un poco de trabajo físico es absolutamente esencial, pero no le has prestado atención a esto. Ni siquiera los sannyasins tradi­cionales de la India le han prestado atención al trabajo: se abstu­vieron de hacerla, ni siquiera se plantearon hacerla. Simple­mente, se movieron en otra dirección. Los ricos dejaron de hacer trabajo físico porque tenían dinero y podían pagar a alguien para que lo hiciera, y los sannyasins dejaron de hacerla porque ya no tenían que ver con el mundo. No tenían nada que hacer ni tenían que ganar dinero ¿para qué iban a trabajar? El resultado es que dos de las clases sociales respetadas se fueron alejando del tra­bajo y, poco a poco, las personas sobre las que recayó el trabajo empezaron a dejar de ser respetadas.

El trabajo físico tiene una gran importancia y utilidad para el buscador, no porque obtengas algo con él, sino porque cuan­to más te implicas en algún tipo de trabajo, tu consciencia em­pezará a estar más centrada, empezará a bajar de la mente. No es necesario que el trabajo sea productivo. También puede ser no productivo, un mero ejercicio. Pero un poco de trabajo físi­co es absolutamente esencial para la agilidad del cuerpo, la agu­deza de la mente y el completo despertar del ser. Esta es la se­gunda parte.


Pero en esta parte también te puedes equivocar. Del mis­mo modo que puedes cometer errores con tu dieta -al comer demasiado o demasiado poco-, también puedes cometer erro­res aquí: o bien puedes no hacer ningún ejercicio físico en ab­soluto, o bien hacer demasiado. Los luchadores hacen demasia­do ejercicio; es un estado patológico. Un luchador no es una persona sana. Los luchadores hacen demasiado esfuerzo con el cuerpo, menosprecian el cuerpo. Si menosprecias el cuerpo, al­gunas partes del cuerpo, algunos músculos podrán desarrollar­se más, pero iningún luchador vive demasiados años! Ningún lu­chador se muere estando sano. ¿Sabías que todos los luchadores -ya sea Gama, Sandow a cualquier otro con un gran cuerpo, aunque sea el mejor del mundo- están enfermos al morir? Mueren prematuramente y mueren por enfermedades graves. Menospreciar el cuerpo puede hacer que se desarrollen los músculos y que valga la pena admirar su cuerpo, valga la pena exhibirlo, pero entre la vida y la exhibición hay una gran dife­rencia. Hay una gran diferencia entre vivir, estar sano y ser un exhibicionista.

Cada persona debería descubrir la cantidad de trabajo físi­co que habría de hacer para vivir con más salud y lozanía por su propia cuenta, según su cuerpo. Cuanto más aire fresco hay en el cuerpo, cuanto más dichosa sea cada respiración, más vitalidad tendrá una persona para explorar su interior. Simone Weil, una filósofa francesa, escribió algo maravilloso en su autobiografía. Dijo: «Hasta los treinta años siempre estaba enferma. No estaba sana y tenía muchos dolores de cabeza. Pero al llegar a los cua­renta años me di cuenta de que hasta los treinta años había sido una materialista. Al volverme más espiritual me convertí en una persona más sana. Sólo me di cuenta más tarde de que el tener poca salud y estar enferma estaba relacionado con mi materia­lismo.

Una persona que no tiene salud y está enferma no puede estar agradecida a la existencia. En ella no puede haber agrade­cimiento hacia la existencia; sólo hay rabia. Si está llena de rabia, es imposible que esa persona pueda aceptar algo de la existencia. Simplemente, lo rechaza. Si en nuestra vida no hay un cierto equilibrio entre la salud por el trabajo correcto y el ejercicio correcto, es natural que sintamos negatividad, resistencia y rabia hacia la vida.

La tercera cuestión es el sueño correcto. Se ha destruido la alimentación, se ha destruido el trabajo físico iY se ha asesinado el sueño! El sueño es lo que más se ha perjudicado con el desarro­llo de la civilización humana. Desde que el hombre descubrió la luz eléctrica, el sueño está muy alterado. Y en cuanto empezó a tener más instrumentos, comenzó a pensar que no era necesario dormir, que perdía demasiado tiempo durmiendo, que el tiem­po que invertía en dormir era un tiempo perdido. Cuanto menos duerma, mejor. A nadie se le ocurre pensar que el sueño contri­buye a los procesos más profundos de la vida. Algunas personas piensan que el tiempo que se usa para dormir es un tiempo per­dido; cuanto menos duermen, mejor; cuanto antes reduzcan el tiempo de sueño, mejor.


Éste es un tipo de personas, las que quieren reducir el tiem­po de sueño necesario. Otro tipo de personas son los monjes y ermitaños que creen que este sueño, esta forma inconsciente de sueño, es el estado opuesto al estado de autorrealización y des­pertar del ser. Según estas personas, no es bueno dormir; cuan­to menos duermas, mejor.
Los monjes tenían otro problema, habían acumulado tantas represiones en su inconsciente que afloraban durante el sueño y formaban parte de sus sueños. Surgió una especie de miedo al sueño, porque todo lo que habían estado ignorando durante el día afloraba en sus sueños por la noche. Las mujeres de las que habían huido y abandonado empezaron a aparecerse en sus sueños. Estos monjes empezaron a verlas en sus sueños. El dinero y el prestigio del que habían huido empezó a perseguir­les en sus sueños. Por eso creyeron que el sueño era algo muy peligroso -se escapaba de su control-, y cuanto menos durmieran, mejor. Estos monjes crearon un sentimiento en todo el mundo de que el sueño es algo no espiritual. Este concepto es ridículo.

El primer grupo de personas se opone al sueño y cree que es una pérdida de tiempo, que no es necesario dormir tanto; cuanto más tiempo se esté despierto, mejor.

Las personas que hacen cálculos y estadísticas de todo son realmente curiosas. Han calculado que si una percsona duerme ocho horas estará perdiendo un tercio de su día. Si una persona vive sesenta años, habrá perdido veinte años. De una media de vida de sesenta años sólo nos son útiles cuarenta años. Y todavía han calculado más: han calculado cuánto tiempo tarda un hom­bre en comer, en ponerse la ropa, en afeitarse, en bañarse, etcé­tera. Después de calculado todo afirman que nuestra vida es una pérdida de tiempo. Cuando empezaron a restar todo ese tiempo se dieron cuenta de que una persona sólo vive sesenta años en teoría; en realidad invierte veinte años en dormir, otros años en comer, otros años en bañarse, otros años en leer el periódico. Todo se pierde y no queda nada de vida. Estas personas crearon un pánico: si quieres tener algo de tiempo para vivir te aconse­jan reducir todas estas cosas. El sueño ocupa la mayor parte de la vida del hombre, de modo que hay que reducido. Mientras este grupo aconsejaba reducir el sueño y creaba un movimien­to de oposición al sueño, el segundo grupo, los monjes y los er­mitaños, decían que el sueño no era espiritual y le decían a la gente que durmiera lo menos posible. Cuanto menos dormía una persona, más beata era, y si no dormía nada, entonces era un santo.

Estos dos grupos con sus ideas han destruido la habilidad del hombre para dormir, y con el asesinato del sueño se han trastocado, alterado y eliminado todos los centros profundos de la vida del hombre. Ni siquiera nos hemos dado cuenta de que la falta de sueño es la causa que subyace a todas las enfermedades y los trastornos que forman parte de la vida del hombre.

Las personas que no pueden dormir bien no pueden vivir bien. El sueño no es una pérdida de tiempo. Las ocho horas de sueño no son una pérdida de tiempo; mejor dicho, gracias a esas ocho horas de sueño podemos estar despiertos dieciséis horas. Si no, no serías capaz de estar despierto tanto tiempo. Durante esas ocho horas acumulas energía vital, tu vida se revitaliza, los centros de tu cerebro y de tu corazón se calman, y tu vida funcio­na desde el centro del ombligo. Durante esas ocho horas de sue­ño vuelves a ser uno con la naturaleza y la existencia, por eso te revitalizas.


Si quieres torturar a alguien, él mejor método –que se in­ventó hace miles de años- es impedirle dormir. Hasta el mo­mento, no se ha logrado superar este método. Durante la última guerra en Alemania, y actualmente también en Rusia, el méto­do más popular de tortura a los prisioneros era impedirles dor­mir. Simplemente, tienes que impedirle dormir a una persona. Esta tortura va más allá de cualquier límite para un ser humano. De modo que le pusieron a cada persona un guarda para que le impidiera dormir.

Los chinos fueron los primeros en descubrir este método hace unos dos mil años. No permitirle dormir a alguien es un método de tortura muy barato. Le obligan una persona a estar en una celda tan pequeña que no se pudiera mover, no pu­diera sentarse ni tumbarse. Después dejaban caer gotas de agua desde arriba para que cayeran sobre su cabeza gota a gota. No podía hacer el menor movimiento, no podía sentarse, ni tumbarse, y al cabo de doce, dieciséis o dieciocho horas como mucho empezaba a gritar y aullar: «!Socorro! Me muero. ¡Sacadme de aquí!». Entonces le preguntaban lo que estaba ocultando. Al cabo de tres días se rendían hasta los más valientes.

Hitler en Alemania y Stalin en Rusia hicieron lo mismo con miles de personas: las mantenían despiertas y no les dejaban dormir.­ No hay una tortura más cruel que ésta. Ni siquiera cuando matas a una persona ésta sufre tanto como cuando no la dejas dormir, porque sólo cuando duerme recupera lo que ha perdido. Si no puede dormir, entonces seguirá perdiendo energía vital, sin ser capaz de regenerarla. Se queda totalmente agotado. Somos una humanidad agotada porque nuestras puertas para recibir algo están cerradas y nuestras ventanas para perderlo todo se han ido abriendo cada vez más.


El sueño tiene que volver a la vida del hombre. Realmente, no hay ninguna alternativa, ningún otro paso para la salud psicológica de la humanidad. iEl sueño debería ser obligatorio por ley en los próximos cien o doscientos años! Es muy importante que un meditador se de cuenta de que duerme bien y duerme lo suficiente.

Hay algo más que debéis entender: un buen descanso será distinto para todo el mundo. No será lo mismo, porque el cuer­po de cada persona tiene unas necesidades distintas, de acuerdo con la edad y muchos otros factores.
Por ejemplo, cuando un niño está en el vientre de su madre duerme las veinticuatro horas del día porque se están desarro­llando todos sus tejidos. Necesita sueño absoluto; su cuerpo sólose desarrollará si duerme veinticuatro horas al día. Es posible que los niños que nacen lisiados, lesionados o ciegos se hayan despertado durante los nueve meses que estaban en el vientre de su madre. Quizá algún día la ciencia descubra que los niños que por algún motivo, se despiertan en el vientre de su madre nacen lisiados o con una parte del cuerpo sin desarrollar.

Cuando se está en el vientre es necesario estar dormido las veinticuatro horas del día porque se está formando todo el cuer­po, se está desarrollando todo el cuerpo. Es necesario que haya un sueño profundo; sólo así pueden tener lugar todas las activi­dades del cuerpo. Cuando un niño nace, duerme las veinticuatro horas del día, su cuerpo todavía se está formando. Después duer­me dieciocho horas, después catorce horas… Poco a poco, a me­dida que su cuerpo va madurando, también va durmiendo menos. Al final se estabiliza entre seis y ocho horas.

Un anciano duerme menos, pasa a dormir cinco horas, cua­tro horas, incluso tres horas, porque el crecimiento de su cuer­po ya ha cesado. No necesita dormir demasiado cada día por­que ya está cerca de la muerte. Si un anciano durmiese tanto como un niño no se podría morir, sería difícil morirse. La muer­te necesita cada vez menos sueño. La vida necesita sueño pro­fundo. Por eso el anciano, poco a poco, va durmiendo cada vez menos, y el niño duerme más.

Si los ancianos empiezan a pretender que los niños se com­porten del mismo modo que ellos, esto se volverá peligroso.

A menudo los ancianos lo hacen: tratan a los niños como si fuesen viejos. Les despiertan demasiado pronto por la mañana: «iSon las tres, son las cuatro! iLevántate!». No se dan cuenta de que está bien que ellos se despierten a las cuatro porque son viejos. Pero los niños no pueden despertarse a las cuatro. Es malo despertarlos. Perjudica las funciones corporales del niño; es muy perjudicial para ellos.
Una vez me dijo un niño: «Mi madre es muy rara; cuando no tengo sueño por la noche me obliga a dormir, y cuando me mue­ro de sueño por la mañana, me obliga a despertarme. No entiendo por qué me obligan a dormir cuando no tengo sueño y me obligan a despertarme cuando tengo sueño. Tú le explicas mu­chas cosas a la gente, ¿le podrías explicar esto a mi madre?». Que­ría que le ayudara a entender a su madre que lo que estaba ha­ciendo era muy contradictorio.

No nos damos cuenta de que a menudo se trata a los niños como si fuesen personas mayores, y después, cuando crecen, tie­nen que empezar a vivir según las normas estipuladas que se encuentran en los libros.

Probablemente, no sepas que las últimas investigaciones di­cen que no se puede estipular la misma hora de despertar para todo el mundo. Siempre se ha dicho que es bueno despertarse a las cinco de la mañana; esto es absolutamente erróneo y no es científico. No vale para todo el mundo; quizá sea bueno para al­gunas personas, pero podría ser perjudicial para otras. En veinticuatro horas, la temperatura del cuerpo baja durante unas tres horas y esas tres horas son las horas de sueño profundo. Si des­piertas a alguien durante esas tres horas estropearás todo su día y alterarás su energía. Generalmente, esas tres horas están entre las dos y las cin­co de la mañana.

Para casi todo el mundo esas tres horas van de las dos a las cinco de la mañana, pero no sucede lo mismo con todas las personas. La temperatura del cuerpo de algunas per­sonas baja hasta las seis de la mañana, la de otras baja hasta las siete, y para otras la temperatura empieza a ser normal a las cua­tro de la mañana. Si alguien se despierta en esas horas de baja temperatura; esto le afectará las veinticuatro horas del día y ten­drá efectos perjudiciales. Sólo se puede despertar a una persona cuando la temperatura empieza a subir a nivel normal.

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Shiny Demise

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