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Inspirando Cambio – La Dote Perdida

Written by Shiny Demise on . Posted in Ascensión

por Michael BergJustificar a ambos lados

Para poder ser capaz de ver la Luz y las bendiciones de las acciones espirituales importantes que hacemos, tenemos que asegurarnos de que nuestro ego no se involucre. Cuando queremos que la gente sepa lo que hemos hecho –y nos respete por eso– hacemos que nuestras acciones espirituales resulten casi inútiles.

Esto requiere consciencia constante, ya que el ego es muy peligroso y busca constantemente maneras de entrar en la situación.

Esta idea está perfectamente ilustrada en una historia famosa acerca de Rav Zusha de Anipoli.

Él viajaba por el campo y mientras entraba en cierto pueblo, vio a mucha gente vestida elegantemente y parada esperando a que iniciara una boda. Parecía ser que había un retraso, y se enteró de que esto se debía al hecho de que la madre de la novia había perdido la dote y no podía pagar la boda.

Rav Zusha se abrió paso entre la gente y encontró a la madre de la novia. Se acercó y le dijo, “Escuché que ha perdido la dote de su hija. ¿Puede por favor decirme las denominaciones del dinero para que pueda ayudarle a buscarlo?”. Después de contarle los detalles, Rav Zusha respondió, “Creo que he encontrado su dinero. Permítame regresar a la posada donde me alojo y traérselo”.

Volvió media hora más tarde y dijo, “Encontré su dinero”. Todo mundo estaba emocionado, y pronto se corrió la voz de que la boda procedería como se había planeado. Sin embargo, de la nada Rav Zusha anunció, “Quiero tomar una cuota de 30% de la dote por haberla encontrado”.

Todo el mundo comenzó a gritarle, “¿Qué está loco? ¡Una cuota por haberla encontrado! ¡Este dinero está financiando la boda! ¡¿Cómo se atreve?!”.

“Perdón, pero creo que me merezco una cuota del 30% por haberla encontrado, y me gustaría que me la dieran ya”, respondió. Pues bien, eso causó un alboroto, como habrán de imaginarse, y toda la familia se abalanzó sobre él, le arrebato el dinero de las manos, y lo echaron del pueblo como un criminal cualquiera.

Unos meses más tarde el líder del pueblo visitaba al maestro de Rav Zusha, el Maggid de Mezrich, y le contó lo que había pasado. “No entiendo. Es un estudiante tuyo. Esperaba que su comportamiento fuera ejemplar. ¿Cómo pudo comportarse de forma tan egoísta?”.

Perplejo, el Maggid de Mezrich llamó a Rav Zusha y le dijo, “Quiero que nos cuentes la verdadera historia acerca de lo que pasó en ese pueblo”. Rav Zusha objetó, diciendo que preferiría no hacerlo porque era muy vergonzoso. Después de darle vueltas al asunto, el Maggid finalmente le dijo, “Como tu maestro, te ordeno que me cuentes la historia”.

Así que la contó. “Estaba yo viajando de pueblo en pueblo recaudando dinero para la boda de mi hija. Me tomó cerca de dos meses, pero al final reuní dinero suficiente. Cuando llegué a este pueblo y escuché la triste historia de la dote perdida, decidí que como la boda de mi hija no sería hasta dentro unas cuantas semanas, y ésta se estaba llevando a cabo en ese momento, lo correcto era tomar el dinero que había reunido y dárselo a esta familia. Así lo hice.

Pero, quería asegurarme de que nadie sabría lo que había hecho, así que le pregunté a la madre sobre la denominación correcta para asegurarme de que creería que el dinero era de ella. Regresé a la posada donde me estaba quedando, tomé la dote de mi hija, y fui a cambiar el dinero a las denominaciones especificadas por la madre.

En mi recorrido, mi ego empezó a hablarme. “Zusha, ¿quién más en el mundo haría lo que estás haciendo ahora? ¿Quién más en el mundo tomaría el dinero que pasó meses reuniendo, para la boda de su hija, y se lo daría a un extraño? ¿Quién más en el mundo es tan considerado y compartido como tú lo eres?”. A cada paso que daba, mi ego hablaba más alto y se hacía más fuerte.

Me di cuenta de que si dejaba que mi ego creciera, mi acción se convertiría en algo casi sin ningún valor. Sí, habría sido un sacrificio personal grandioso, pero también habría estado completamente arrebatado por mi ego. Sabía que tenía que encontrar tanto la forma de hacer la acción importante, como de aniquilar a mi ego para que no creciera con esta acción. Fue entonces que se me ocurrió la idea de una cuota por haber encontrado la dote, sabiendo de lleno que me echarían del pueblo avergonzándome.

Era el plan perfecto, Podía llevar a cabo la acción de compartir, y aún así disminuir mi ego”.

La lección de esta historia es que las grandes acciones de compartir –cuando son hechas de manera tal que hacen crecer al ego– se vuelven casi nulas. De hecho, pueden ser incluso dañinas. Debemos tener cuidado para que cuando hagamos acciones positivas –especialmente si son grandes y significativas– también pensemos en maneras de prevenir que éstas agranden nuestro ego. Sólo entonces podremos estar seguros de que estas acciones traerán tanta Luz y bendiciones como puedan a nuestras vidas.

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Shiny Demise

"¡La Revolución de la Consciencia es Ahora!"

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